«¿Qué vende más, una obra con tres hombres en escena o con tres mujeres?»

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Profesionales de teatro y danza debaten en Bilbao sobre cómo quitar «etiquetas» y avanzar hacia la igualdad

«Es difícil tener un hijo siendo actriz, dramaturga o directora, te lo digo por experiencia», le contó ayer Aizpea Goenaga, que es todo eso, a la actriz y cantante Sandra Fernández, que ha cogido la baja en su octavo mes de embarazo. Las dos participaron en un debate sobre igualdad organizado por Eskena, la asociación de empresas de producción escénica de Euskadi, con motivo del Día Internacional del Teatro. Les acompañaban en la mesa el actor Gabi Ocina, la payasa y fundadora del grupo Oihulari Klown Virginia Imaz, el director del Serantes Kultur Aretoa y presidente de la Red Española de Teatros, Carlos Morán, y la directora de Promoción de la Cultura del Gobierno vasco, Aitziber Atorrasagasti. Pero la sala Cúpula del Campos Elíseos estaba llena de profesionales que se sumaron al debate porque tenían mucho que contar. «En lo técnico lo tenéis más difícil, se confía menos en vosotras», se sinceró un maquinista sentado en primera fila. «En iluminación ha sido un hito el Max para Lola Barroso».

Los datos se intuyen, pero conviene recordarlos. En los tres principales teatros de Euskadi, a menudo con dos tercios de mujeres en el patio de butacas, solo el 7% de las obras son de dramaturgas y 15% tienen directoras. En cambio, la presencia de la mujer es mayoritaria en tareas de distribución y vestuario. «El techo de cristal empieza cuando termina el periodo de formación», afirmó la dramaturga y directora María Goiricelaya, que está haciendo un estudio sobre este asunto. A Gabi Ocina, que ha dirigido talleres de danza, le llamaba la atención la apabullante presencia femenina. «¿Qué pasa con los tíos en este país que no bailan?», se preguntaba. Pero, en las funciones que se programan, «el 15% son de coreógrafas frente a un 32% de coreógrafos. A medida que avanza la escala profesional, «las cifras se invierten», apuntó Atorrasagasti.

La moderadora -Agurtzane Intxaurraga, de Hika Teatroa- lanzó una pregunta «malvada». «¿Qué vende más, tres hombres en escena o tres mujeres?». Todavía le duele lo que le soltó un programador: «Otra vez tres mujeres en escena. ¡Qué aburrimiento!». Por su experiencia cree que «los hombres siguen vendiendo más en todo. Cuando distribuyen, cuando actúan, cuando dirigen». Carlos Morán respondió que la desigualdad que existe en la sociedad «se refleja en la escena, en el gobierno y en el metro. Ahora el problema está en la agenda y en diez o quince años el panorama será muy diferente».

Para ello hay que quitar etiquetas como las que se encuentra Virginia Imaz. Todavía le preguntan en las entrevistas si sus espectáculos «son para mujeres», como si la risa no fuera universal. Le toca «regatear más que un hombre» cuando la contratan, a menudo las áreas de Igualdad o Bienestar Social en lugar de la de Cultura. Haciendo ‘cosas de mujeres’ «también se sobrevive», apostilló tirando de ironía. «En marzo y en noviembre (por el 8 y el 25) facturo lo mismo que en todo el resto del año». Lo que no tiene ninguna gracia es que «si te defines como feminista, sabes que te van a programar menos y te irá a ver menos público».

A Sandra Fernández le apasiona su trabajo y también la maternidad. Compaginar ambas cosas le está resultando «una lucha constante». Cuando estaba de dos meses y medio, en una compañía le aconsejaron que se cogiera la baja. «Yo quería trabajar, me encontraba bien, pero me dejaron fuera del proyecto» en el que era la narradora de una historia. Sí ha podido trabajar en otras obras como ‘Macbeth’, recientemente en el Arriaga. Al coger finalmente la baja por riesgo laboral en la mutua le pusieron muchos problemas -«creo que nunca había ido una actriz embarazada»- y ahora siente cierto «vértigo» al pensar si, por primera vez en quince años, le faltará trabajo. «No deberíamos sentir que nos acercamos a un abismo por ser madres. ¿Por qué tenemos que elegir?».

Vía EL CORREO

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